lunes, 5 de septiembre de 2011

Emilio Goya: “Hallar a mi hermano fue como recuperar parte de mi vida”


Nota del diario Zonda (San Juan)

San Juan.- El joven habló en exclusiva para Diario El Zonda y relató la incansable búsqueda que llevó a cabo. También señaló que sus expectativas con el juicio es poder saber cómo falleció su padre que aún permanece desaparecido.
"Un hombre sin historia es nada. Necesitamos saber de dónde venimos para, ineludiblemente, evaluar y ver a donde queremos ir”. Con esa premisa, Emilio Avelino Goya emprendió la búsqueda de la historia de la vida de su padre, Francisco Luis Goya, quien está desaparecido desde la última dictadura militar, al igual que la compañera de su último viaje, la mexicana María Lourdes Martínez Aranda. 
La sospecha que reina es que Francisco y María Lourdes, militantes de Montoneros y del Partido Comunista, respectivamente, fueron interceptados en un control militar en Mendoza, en 1980, y fueron ferozmente atacados. En el auto en el que viajaba la pareja estaba, en un moisés, su hijo de un año. 
El rastro sobre el niño se perdió por un tiempo pero Emilio nunca dudó en que estuviera vivo. “Siempre supe de la existencia de mi hermano, quería saber de él y no sabía como estaba, si tenía hambre, si tenía sed, si tenía todo lo que un hermano es capaz de darle al otro”. Por esa razón, “empecé a buscar vida antes que dolor. Y comencé a buscar a mi hermano”. 
Emilio dialogó en exclusiva con Diario El Zonda y contó los entretelones de la búsqueda de su hermano, el emocionante encuentro que tuvo (“fue como recuperar parte de mi vida”, aseguró), sus expectativas con respecto al juicio que comienza el lunes, sus sufrimientos y sus desafíos. 

La odisea de un viaje 
“En el año 2000 empecé la búsqueda de mi hermano, comencé a seguir el camino que recorrió mi viejo en el exilio. En mayo de 2001 me fui a México, por primera vez, con muy poca información y mucha esperanza” resaltó Emilio. Con una dirección y nombres sueltos, logró contactar a un familiar de María Lourdes. “Di con la parte de la historia de mi papá en México y regreso de ese primer viaje con la hipótesis de que mi hermano estaba ahí, en México”. 
La segunda etapa del viaje apuntó a la embajada de México en España, “donde se hizo la inscripción de mi hermano, en 1979”, señaló. “En España empiezo a agarrar el hilo en la embajada y así pude, pasito a pasito, llegar hasta el registro civil donde fue anotado mi hermano. Con esa info, volví a Argentina y estaba convencido de regresar a México porque tenía la hipótesis de que mi hermano podía estar viviendo en México”, destacó Emilio. 
Pero para semejante empresa, Emilio necesitaba apoyo y lo recibió de una figura clave. “Fui a pedirle ayuda a Néstor (Kirchner), en el primer acto que hizo en Parque Norte y me paso algo muy copado. Yo estaba trabajando de fotógrafo para un diputado nacional. En esa ocasión, me llevé un pañuelo de mi agrupación, de HIJOS, que nos habían dado las Madres (de Plaza de Mayo) como símbolo de la lucha. En ese acto, arreglé una foto con el fotógrafo de presidencia y antes de hacerlo me mandé al escenario. Cuando terminó el acto, pude hablar con Néstor y pedirle que me de una mano porque necesitaba más apoyo institucional. Si bien me venía ayudando Abuelas (de Plaza de Mayo), no tenía el apoyo económico que necesitaba porque quería volver a México. Néstor me derivó a Rafael Bielsa pero había salido urgente de viaje y me atendió Jorge Taiana y me dieron una mano para que vuelva a ir a México. 
Fui y seguí con una línea de investigación que tenía: que a mi hermano lo podía estar criando un familiar, un hermano de María Lourdes.  Por un montón de indicios que tenía, creía que el hijo que él tenía podía ser mi hermano. Di con esa familia, con este hermano, que me dijo que no, que ese muchacho no era mi hermano. Yo igual no le creí, pero cuando lo vi, la verdad, no encontré parecido alguno”. 
Pese a esa frustración, la persona que buscaba no estaba tan lejos. “Regresé a Argentina y producto de un llamado y una declaración que hizo un arrepentido, me tiran el apellido y el nombre de la persona que lo tenía adoptado como propio. En el 2007, hago una mínima investigación en Mendoza, inclusive creo que llegué a la casa donde él estuvo, pero la familia ya se había cambiado hacía muchos años de provincia, ya estaban viviendo en San Juan. Así que no pude dar con ellos, después los ubicó la Policía, y luego el juez Lijo (Ariel) me cuenta que habían muchos indicios, que se iba a hacer una toma compulsiva de ADN”. 
En julio de 2009, el estudio genético confirmó que ese muchacho que había localizado Emilio era el hijo de Francisco Goya y María Lourdes, quienes llamaron al pequeño Jorge Guillermo Martínez Aranda.

¿Has tenido contacto con tu hermano?
El mismo día que le dieron la noticia lo conocí. Nos conocimos y pudimos hablar un poquito y, al día siguiente, nos juntamos a desayunar y a almorzar. Tuvimos un primer contacto y después, más adelante, pudimos pasar las vacaciones juntos. Empezamos una relación a la distancia. Nos vemos, en promedio, una o dos veces al año. Él compartió algo con mi familia, con mis dos hijas, de 17 y 13 años. Pudimos irnos de vacaciones una vez. En otra ocasión me fui para allá (por San Juan) y pasamos algunos momentos juntos.

¿Cómo fue el encuentro?
(Emocionado) La verdad que fue un momento emotivísimo, el que había soñado toda mi vida. Fue muy fuerte para mí el verme parecido en cada gesto, en cada cosa, es fuertísimo. Fue como recuperar parte de mi historia, como encontrarme con mi viejo al que yo nunca había conocido. Fueron muchas emociones muy fuertes.

¿De dónde sacaste fuerzas para esta lucha?
Desde que empecé en esto, traté de fijarme en el tremendo amor que tenía mi viejo por su sociedad, por sus padres, por sus amigos, por sus compañeros, por sus hijos. Ese amor que tenía mi viejo, que pudo ser relatado por muchos amigos, por mucha gente que lo conoció, que me pudo describir quien y como era y que tipo de valores tenía, fueron los que me movilizaron para encontrar a mi hermano. Así que con mucho amor encaré esa búsqueda, inclusive, dejando cosas muy importantes en mi vida. Mis hijas iban creciendo, a esto le dedicaba muchísimo tiempo. De hecho, me ausenté muchas veces, dejando a mis hijas con sus madres, y fue por la tremenda necesidad de recuperar parte de mi vida, de mi historia, y parte de mi viejo, que era nada más y nada menos que un hermano que sabía que estaba vivo pero no sabía como estaba, no sabía si tenía hambre, si tenía sed, si tenía todo lo que un hermano es capaz de darle a otro.

¿Cuál es tu próximo paso?
Mi desafío es poder tener una relación con el tipo con el que soñé y supe de su existencia toda la vida. Poder aportar para que él sea feliz y que todos tengamos un poco más de paz en nuestras vidas. La verdad que el próximo paso es poder tratar de desandar lo andado por obligación, tratar de revertir esto que, durante tantísimos años, nos ha sido negado: la posibilidad de relacionarnos, de reconocernos. Estamos empezando a caminar un camino que nunca tendríamos que haber perdido. Nos conocimos, él pudo saber la verdad y bueno... hay verdades que son duras, hay momentos que son difíciles pero me parecen imprescindibles.

¿Cuáles son tus expectativas con respecto al juicio?
Mi expectativa es que se pueda saber más de lo ocurrido. Tengo una necesidad inmensa de poder saber como falleció mi padre, por saber donde están sus huesos. Es el dolor que sentimos los que no sabemos como murieron nuestros padres ni donde están, ni cual fue su destino final. No tenemos, como siempre decimos, ni siquiera un hueso para saber que ahí estaba antes la vida. Es una incertidumbre terrible, el dolor que tiene la familia de un desaparecido es un vacío terrible y lo que queremos es tener un poco más de paz, un poco más de certeza alrededor de esta incertidumbre que es la realidad de tener a nuestro ser querido desaparecido. Así que mi expectativa es que se pueda saber cual fue el destino de mi padre, que se pueda saber cual fue el destino de María Lourdes y que se pueda saber la verdad de lo ocurrido en esta época triste y negra de nuestro país”.
Emilio combina la felicidad por reencontrarse con su hermano con el ideal de seguir con la lucha: “Como digo en la intimidad, me puedo morir tranquilo porque creo que el esfuerzo no fue en vano. Dejé mi vida para encontrar a mi hermano. Fue como honrar a mi viejo al buscarlo. Tuve la suerte de recuperarlo pero hay una realidad que es que se necesita saber la verdad, se necesita recuperar a muchos chicos más. Son más de 400 familias que todos los días están llorando a sus seres queridos y están buscando a un hermano, a un sobrino, a un nieto. Ahí es donde todo toma otra dimensión y lo individual se transforma en colectivo, donde lo colectivo prima sobre lo individual”.

Francisco Goya y María Lourdes Martínez Aranda
Una historia común de militancia
Solidario, rebelde y de carácter fuerte. Esas son algunas de las definiciones de Francisco Luis Goya, padre de Emilio y Jorge Guillermo, el joven que recuperó su identidad. Francisco Goya nació el 6 de mayo de 1949, en Resistencia, Chaco. Desde joven participó  en el grupo Tacuara, luego militó en la Juventud Peronista y tiempo después se uniría a la organización Montoneros. Debido a su militancia política, debió exiliarse y partió solo, en diciembre de 1975, a Perú. 
Luego viajó a México, a mediados de 1976, lugar en el que conoció, en 1978, a María Lourdes Martínez Aranda, profesora de química y simpatizante del Partido Comunista. María Lourdes “se conoció con mi papá en la Iglesia. Era una persona tremendamente solidaria, muy abocada a todas las tareas sociales que se hacían desde la Iglesia”, describió Emilio. Ambos continuaron con su militancia y a mediados de 1979 viajaron a España. En Madrid, en el departamento de San Martín, “paradójicamente en la clínica de San Juan”, resaltó Emilio, nació Jorge Guillermo Martínez Aranda, el 31 de julio de 1979. 
Debido a que en España la nacionalidad es transmitida por sangre, su madre inscribió a su hijo en la Sección Consular de la Embajada de México. En la resolución del juez Ariel Lijo, en el acta no fueron asentados los datos de su padre “por haberse acreditado causa de fuerza mayor”. El magistrado señaló que “la ausencia de su asiento en el acta de nacimiento respondió a proteger su integridad física, en virtud que corría peligro su vida, puesto que Francisco Goya y María Lourdes Martínez Aranda emprendieron la denominada Contraofensiva de Montoneros, momento en el cual fueron secuestrados y al día de hoy se desconocen sus paraderos”. Emilio expresó que entre mayo o junio de 1980 ingresan a Argentina pero aclaró que “parece que entran enmarcados en la Contraofensiva pero parte de la información que tengo es que no entran orgánicamente. En los últimos tiempos, empezó a mostrar sus diferencias con Montoneros. De hecho, tengo la versión de que rompe con la organización antes de venir a Argentina”. De acuerdo a la denuncia en la CONADEP, se sospecha que la pareja y su hijo circulaban en un auto por la Localidad de Paso de las Cuevas, en Mendoza, cuando fueron perseguidos por un operativo militar. “Eso es lo que quiero saber. Es una versión que tenemos. Yo recibí una llamada telefónica, que habla de eso, de una voz de alto en un control que al no hacer caso, o algo por el estilo, parece que acribillaron el auto”, sostuvo el joven. 

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